Los tiempos de los Indianos. Cameranos a la aventura americana

Entre los fundadores del Nuevo Mundo, hubo colonizadores de dimensiones más modestas que las de los grandes conquistadores reconocidos. Así son las personas que un día salieron de nuestra tierra y, cruzando el Océano, fueron en busca de lo desconocido.

Los Reyes Católicos insistieron con vehemencia para que las personas que fueran enviadas a las tierras conquistadas tuvieran un perfil adecuado a la gran empresa que se acometía. Por ello, una vez incorporados al Reino los nuevos territorios, crearon en Sevilla una Casa para la Contratación de las Indias, donde se llevara control de todos los pasajeros que tomaban rumbo a América. En los primeros tiempos tras el descubrimiento, junto a soldados y comerciantes, la mayoría eran gente del campo que veían las Indias como un medio de escapar a la pobreza.

En América, la mayoría de los emigrados trabajaba sin descanso, con la ilusión de poder regresar algún día a su tierra natal a disfrutar los resultados de su esfuerzo. Entre mediados del siglo XVI y finales del XVII muchos retornaron. La mayoría se habían dedicado al comercio.

Aquí, a los que volvían de las Indias se les conocía como los Indianos. Éstos se distinguían de sus compatriotas, que nunca habían salido de esta tierra, porque incorporaban al español extrañas palabras oídas en las Indias, traían artículos, plantas y animales extraños, relataban sus aventuras engrandeciendo de forma desorbitada sus propios logros. Muchos habían conseguido acumular dinero, pero lo malgastaban con torpeza convencidos de que podían comprar lo que quisieran. Se daban aires de gran señor imitando el comportamiento de la gente perteneciente a la nobleza, a la que adulaban con obsequios. Aspiraban a convertirse ellos mismos en nobles. Para los españoles que no habían viajado a las Indias, estas aspiraciones resultaban grotescas, así como ridículas sus ostentaciones, exageraciones y falta de modales. Los indianos eran el hazmerreír de la sociedad española entre la segunda parte del siglo XVI y la primera del XVII.
No obstante, con el paso del tiempo, el significado social de «indiano» devendría en algo muy diferente, pues en el siglo XVIII se presenta con ciertos toques de modernidad, de acuerdo con la visión que de América se tenía desde la mentalidad ilustrada.

Desde los años del descubrimiento hasta el siglo XIX, la denominada Flota de las Indias era el convoy naval dedicado al transporte de personas y productos para el comercio entre España y sus posesiones de ultramar. La Casa de Contratación y el Consulado de Cargadores a Indias fueron las instituciones encargadas de organizar y controlar todos los aspectos relacionados con la construcción de los barcos, su dotación y carga.

El comercio con la Península llegó a ser la base de la economía americana. Las colonias españolas solo podían comerciar con un puerto español, que desde 1717 fue el de Cádiz. El reglamento de libre comercio de 1778 permitió que, desde todos los puertos españoles, cualquier comerciante español pudiese comerciar con América.

Nada más producirse el descubrimiento del Nuevo Mundo, los Reyes Católicos ordenaron que los misioneros acudieran a la tierra descubierta, a fin de proceder a la evangelización inmediata de sus habitantes. A lo largo de los siglos fueron muchos los sacerdotes cameranos que cruzaron el Atlántico para ejercer su acción evangelizadora. Abundan en nuestra comarca los naturales recordados por haber repercutido parte de las riquezas que acumularon en América, en beneficio de sus pueblos natales y de sus paisanos más necesitados. Bien merecen ser conocidos y reconocidos por todos.

Una de las actuaciones más trascendental en pos del progreso de los pueblos fue la aportación de capitales para la instauración de Escuelas de Instrucción Primaria.En la imagen, edificio de las Escuelas de Soto, fundación del indiano soteño don Juan Esteban de Elías.